miércoles, 10 de febrero de 2016

Deadtrip por San Isidro


A medida que paseaba quería imaginarmelo a oscuras y guiada solo por la luz de las velas, pero era media mañana. El cielo estaba gris y lloviznaba. Habían tumbas abiertas que dejaban entrever sarcófagos rotos, sobretodo en los panteones. Los nichos presentaban un uniforme e inmaculado gris que ni el mejor filtro de Instagram hubiera replicado. Parece escabroso pero solo se trata del paso del tiempo y la falta de mantenimiento. El dinero siempre es el problema. Aun así la dirección está haciendo grandes esfuerzos por mantener y reparar el cementerio más viejo de Madrid. Dos días en verano hacen lecturas dramatizadas y representaciones para un afortunado grupo que paseará por estas tumbas viejas y ajadas de gente de otros siglos que ya nadie recuerda. Pero yo leo las lápidas en voz alta para que sepan que alguien aun les tiene en mente, desde la brevedad y la distancia.





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